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LA JOYA DEL PUEBLO

 

LA JOYA DEL PUEBLO

ARDE PERÚ NUEVO

 ARDE PERU NUEVO

LOS ANGELES DE PERU NUEVO

 LOS ANGELES DE PERU NUEVO

LOS HÉROES DEL ARRABAL

LOS HEROES DEL ARRABAL

UN SANTO PATRON EN LA BARRIADA

 UN SANTO PATRON EN LA BARRIADA 

“Bienaventurados los que sufren, porque de ellos será el reino de los cielos”. Era la tonada del joven reverendo Otoniel, desde que pisó por vez primera la tierra peruvina. Los niños más que al rostro le miraban su breviario, preguntándose quizás si éste contendría dulces o monedas. Las mujeres y los ancianos, por su parte, concientes de lo importante que era la presencia de un sacerdote a fin de estatuir el orden espiritual entre la gente le sonreían con simpatía. Los varones, en cambio, le observábamos de reojo; desconfiábamos de su sotana más que de sus buenas intenciones. “Gracioso el frailecito –dijo con tono burlón un salchipapero–. A ver si tiene agallas, y no huye de aquí mañana mismo.”

LOS POBRES DE LA CIUDAD

 

LOS POBRES DE LA CIUDAD

LA VIDA NO ES UN SUEÑO

LA VIDA NO ES UN SUEÑO

 

La colegiala de rostro perfilado, dejó sus libros en el asiento de tres patas, que usaba su padre cuando las piernas no podían sostenerlo de pie, cogió el cubo con agua maloliente y echó a caminar, calle arriba, con su delgado cuerpo inclinado a causa del peso del recipiente.

MIGRANTES EN LIMA

 EL PROVINCIANO ERRANTE

 Ollanta andaba solo por el mundo, sin más guía que sus siempre orgullosos pasos. Aquella tarde, mientras vagaba por la avenida Emancipación, observaba el vertiginoso movimiento humano en el seno de la metrópoli limeña que era una especie de imán para la gente del interior del país que llegaba por miles con el sueño mítico de alcanzar una vida mejor. La realidad, sin embargo, era muy dura para los provincianos que habían desembarcado en la capital; muchos de ellos, prácticamente forzados por la necesidad de ganarse el pan, montaban sus pequeños negocios en las vías públicas. Por aquel tiempo - finales de la década de los 70- la cantidad de vendedores ambulantes que invadían las calles limeñas era impresionante.

DESTINO DE ARENA

 "LEVANTATE PERRO Y LARGATE, SINO VAS A VER LO QUE TE VA A PASAR A TI Y A TU FAMILIA”

El amenazante aviso, que amaneció pegado en la puerta de mi choza, se clavó en mi corazón como una fría aguja. Atado por mil presagios nefastos, permanecí inmóvil en mi sitio. Sólo reaccioné al oír las voces de mi mujer y de mi hermana a mis espaldas:

EL PEQUEÑO MERCADER

OLLANTA

Al borde de una angosta vereda destacaba una larga fila de medianos recipientes de plástico conteniendo decenas de manijas, tapas y otras piezas accesorias de artefactos domésticos. Junto a estos recipientes, cuyas formas eran rectangulares, había otra tanda de cajas cuadradas exhibiendo series completas de cucharas, tenedores, cuchillos entre otros juegos de cubertería útiles para la mesa familiar. Al lado de estas cajas, encima de un plástico apegado al filo de la acera había además un conjunto atractivo de tazas, ollas, sartenes, cada cual puesta en oferta al mejor postor. Más abajo, ya en la calzada vehicular, se veía un mostrador de madera de gran tamaño sobre el que reposaban pequeñas cocinas eléctricas con sus hornillas rajadas, extractoras con sus mangos de dirección destrozados, planchas con sus bases triangulares quemadas, en fin, una variedad de electrodomésticos en evidente estado de restauración.

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