Omitir navegación.
Inicio

novelas

warning: Creating default object from empty value in /home/jorge/public_html/modules/taxonomy/taxonomy.pages.inc on line 33.

EL PEQUEÑO MERCADER

OLLANTA

Al borde de una angosta vereda destacaba una larga fila de medianos recipientes de plástico conteniendo decenas de manijas, tapas y otras piezas accesorias de artefactos domésticos. Junto a estos recipientes, cuyas formas eran rectangulares, había otra tanda de cajas cuadradas exhibiendo series completas de cucharas, tenedores, cuchillos entre otros juegos de cubertería útiles para la mesa familiar. Al lado de estas cajas, encima de un plástico apegado al filo de la acera había además un conjunto atractivo de tazas, ollas, sartenes, cada cual puesta en oferta al mejor postor. Más abajo, ya en la calzada vehicular, se veía un mostrador de madera de gran tamaño sobre el que reposaban pequeñas cocinas eléctricas con sus hornillas rajadas, extractoras con sus mangos de dirección destrozados, planchas con sus bases triangulares quemadas, en fin, una variedad de electrodomésticos en evidente estado de restauración.

LA MOZA PLACERA

OLGA

“¡Lleva casera, verdura fresca!” Así pregonaba la moza placera, desde su asiento de madera apegado al tablero comercial, mientras con el afilado cuchillo de faena convertía un amarillento trozo de zapallo en numerosas tajadas pequeñas. De cuando en cuando se ponía de pie y con manos prestas recogía de la tabla de cortar los montoncitos de zapallo picado y los dejaba caer en el hule del muestrario junto a otras porciones de coliflor, repollo, nabo, rodajas de tomate, choclos, zanahorias, ramitas de culantro, apio, perejil, entre otras hierbas y verduras preparadas para la venta del día.

EL VALIDADOR DE TELEFONICA

Aquella mañana otoñal, Janel llegó a su puesto de trabajo con un cuarto de hora de retraso. Su coordinador, un hombre cuyo apego a las normas lo hacían rígido y estricto, al verlo llegar abandonó su asiento –distante unos metros del suyo– y se acercó a llamarle la atención por su tardanza. Janel le respondió que se había retrasado por que el Metro, su medio de transporte cotidiano, se había plantado quince minutos en la estación de Urquinaona. Pero el otro, con gesto agrio le dijo que tanto igual le daba saber o no el motivo de su retraso

LOS JUEGOS OLIMPICOS EN LA CIUDAD CONDAL

LAS OLIMPIADAS  EN LA CIUDAD CONDAL

 

CAPITULO I

La XXV edición de los juegos olímpicos se iniciaba oficialmente en Barcelona aquella tarde del día 25 de Julio de 1.992, precisamente, cuando los más de sesenta mil espectadores que atiborraban el estadio de Montjuick, dando muestras de respeto, se pusieron de pie para la entonación del himno de España. Pero sucedió que mientras las alargadas notas musicales, provenientes de los grandes parlantes, llenaban los oídos del auditorio, un gran número de ciudadanos, absorbidos quizá por el cansancio o el tedio apenas movían los labios, o bostezaban entre tanto cantaban sin emoción el himno patrio, el cual, pronto concluyó sin merecido aplauso. En cambio, cuando las  notas del himno de la comunidad catalana, empezaron a resonar en el ambiente, miles de pechos se hincharon con orgullo y las banderas ondularon en lo alto por las cuatro tribunas del estadio conjugándose con aquel canto lleno de euforia y sentimiento que daba a entender que la mayor parte de la gente concentrada en las graderías era oriunda de la región mediterránea.

LA FIESTA DE LAS FLORES EN TRUJILLO

LA FIESTA DE LAS FLORES

 

Llegó la primavera con todo su esplendor, invitándonos a soñar. Las esperanzas, las ilusiones, los sentimientos de amor renacen dentro el marco de flores coloridas. La mitológica Flora se hace visible en la frondosa estación, convirtiendo la tierra en un edén de exquisito aroma… Ya empieza el desfile, preparémonos para observarlo, ¡pero tengan paciencia, por favor, y no empujen que todos queremos ver!.. Viene la banda de músicos; se oyen tambores, bombos y platillos; acompasadas melodías que arrancan el aplauso de la multitud. ¡Qué alboroto por ese lado de la calle! Los niños chillan, sin despegar de la mano sus dulces y helados, las jovencitas juguetonas gritan y saltan entrelazadas por el brazo, mientras la gente madura y los ancianos aplauden sin cesar a los participantes del Corso.

EN LA TIERRA PROMETIDA

Por aquel entonces varios inviernos habían transcurrido ya y el actual recrudecía con fuerza, azotando cuantas cosas materiales destacaban bajo el cielo de Lima. En la tarde gris, una helada brisa entorpecía la movilidad de mi cuerpo. Aterido de frío me arrimé a la puerta de mi vivienda. Absorto ante el magro matiz del panorama, no supe en qué momento mi conciencia empezó a reprocharme: “Pero ¿cómo es que llegaste por aquí, Julián? ¡Claro! Como no podías comprarte un terreno en mejor zona.” “Ay”, de mi pecho escapó una queja, y, me puse a  pensar en qué distinto sería vivir en una casa grande con amplios salones, cocheras, jardines y piscina.

EL CHOCOLATERO

– ¡Chocolates calientes con un montón de maní!

El joven vendedor, que portaba en manos una pequeña caja de cartón repleta de chocolates, se detuvo en un punto indeterminado de la calle mirando para todos lados y sin dejar de pregonar su mercadería en venta; luego reanudó su marcha. De pronto alguien le llamaba desde una vereda del jirón Huallaga, que a esa hora, cinco de la tarde, estaba atiborrada de gente. El chocolatero frenó su andanza, buscando el gesto accesible del cliente. Y, al localizarlo, por el pasillo del mercado, se deslizó raudo entre la muchedumbre, siempre con el rostro encendido y el aliento fosfórico emanante de su garganta pregonera: “¡Chocolate de leche con pasas!”

LOS INVASORES

                                 LOS INVASORES

Los asociados suponíamos que aquellas tierras no tenían dueños particulares, y por tanto podían ser ocupadas por nosotros, gente desalojada de pisos de alquiler, familias carentes de un techo donde vivir, provincianos recién llegados a la capital, personas desarraigadas y sin albergue contra la acción represiva de la Sociedad. Con frecuencia los interesados nos reuníamos por las inmediaciones del despoblado terreno, para planificar la acción a emprender en un futuro cercano.

Pueblo de Dios

El camión cisterna llegaba solamente una vez por semana a nuestro poblado. Cuando esto sucedía los camperos salíamos apresurados de nuestras barracas provistos de cubos de lata, baldes y otros recipientes caseros que nos pudieran servir para recibir unas raciones de agua. Formábamos un remolino humano alrededor del camión abastecedor, sin dejar de empujarnos unos a otros con la intención de ser los primeros en adquirir el ansiado líquido.

Los Trabajadores Ambulantes

 Los trabajadores Ambulantes

La actividad en el mercadillo se cortó de pronto a causa de un rumor escalofriante procedente de la alcaldía metropolitana que advertía de un inminente desalojo de trabajadores ambulantes del centro de Lima, zona donde ellos estaban apostados desde hacía varios años. Una fortísima ola de incertidumbre y miedo comenzó a recorrer el mercadillo, haciendo presagiar una terrible tempestad. Entonces, ante el temor de una posible represión policial, los comerciantes hicieron un repentino alto a sus ventas y por primera vez en mucho tiempo se buscaron unos a otros para comentar la ingrata noticia.

Distribuir contenido