- Para mi hermano "Rulo" (in memorian)
- MIRANDO LA SAGRADA FAMILIA
- ANA FRANK EN EL RECUERDO
- INGENIERIA ADMINISTRATIVA EN EL PERU
- A un año de la masacre de Bagua
- LA POLICIA DETIENE A CUATRO PERSONAS POR EL CRIMEN DE FREDDY SALVADOR MEDINA VILLEGAS
- FALLO CONCURSO DE POESÍA BREVE HARAWIKU
- VIERNES LITERARIOS EN LIMA
- LATINO: ARTÍCULO SOBRE NOVELA DE JORGE VARAS
- PRÓLOGO DE WINSTON ORRILLO A LA NOVELA "LOS MIGRANTES: ÉXODO Y DESAFÍO"
INMIGRACIÓN: LA DIRECTIVA DEL OPROBIO
artículosLA DIRECTIVA DEL OPROBIO
La Directiva del Retorno, aprobada por el Parlamento Europeo el 18 de junio del 2008 y que entrará en vigencia en julio del 2010, es la más aberrante de las disposiciones tomadas por los representantes de los países europeos dentro el proceso de armonización de sus políticas de inmigración, porque facultar la privación de su libertad a personas solo por el hecho de ser consideradas “inmigrantes ilegales”, rompe con las normas básicas del Derecho Internacional, viola de manera flagrante los principios fundamentales de los Derechos Humanos e incita al desarrollo del sentimiento de xenofobia y de actitudes racistas en los países miembros de la Unión Europea
TERRORISMO EN LA METRÓPOLI
novelasTERRORISMO EN LA METRÓPOLI
Era una noche fresca y con estrellas en el firmamento. Los vecinos estábamos sentados en sillas y banquetas a la puerta de nuestras casas, charlando acerca del progreso de nuestro emporio y de la bonanza familiar. Algunos pampeanos animaban sus cuentos y ocurrencias con tragos de cerveza o chicha de jora. Otros alegraban la verbena vecinal ensayando pasos de baile al son de sus templadas guitarras. Mientras, los jovencitos que despertaban al amor iban por detrás de las chiquillas que cruzaban la calle moviendo el cuerpo con coquetería. De pronto, una vibración estruendosa hizo volar por los aires el tocadiscos del vecino Ciro Huallpa cuya melodía romántica había estado deleitándonos.
LOS ANGELES DE PERU NUEVO
novelasLOS ANGELES DE PERU NUEVO
Las mujeres de nuestro pueblo de ningún modo eran las representantes del llamado “sexo débil” como decían algunos eruditos personajes de la vieja sociedad . Eran mujeres, lógicamente, pero ni su sexo ni su alma y mucho menos su corazón eran frágiles, al contrario eran seres extremadamente fuertes.
LOS CONGRESISTAS PERUANOS QUE VISITARON ESPAÑA
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LOS CONGRESISTAS PERUANOS QUE VISITARON ESPAÑA
La visita a España de un grupo de congresistas peruanos, invitados por la Fundación Carolina, ha dejado patente que a nuestros bien remunerados “padres de la patria” les interesa muy poco reunirse con dirigentes y representantes de la comunidad peruana en el exterior para conocer los problemas de tipo consular, de integración y otros numerosos de tipo jurídico, económico y social que éstos afrontan en sus lugares de residencia.
LOS HÉROES DEL ARRABAL
novelasLOS HEROES DEL ARRABAL
Vivíamos a salto de mata en aquel descampado, donde proliferaban gallinazos, culebras, lagartijas y una colonia de parásitos que se movían entre la inmundicia acumulada allí durante años. Y a causa de vivir en un ambiente poblado de bichos, al que sumaba la falta de higiene de las familias debido a la escasez de agua en los hogares, en nuestra piel aparecían manchas azules, granos de sarna y otras erupciones purulentas cuyos insoportables escozores nos inducía a rascarnos el cuerpo con las uñas a veces hasta sangrar. Y como en el arrabal tampoco existían botiquines ni farmacias, los aparceros quedábamos a merced de estas enfermedades cutáneas.
La situación se veía agravada por la falta de servicios higiénicos en nuestras viviendas. Los vecinos, para salvar el apuro del momento, depositábamos nuestras heces en bacines y recipientes de todo tipo que luego llevábamos a enterrar al Cagadero Comunal. Pero este servicio público, erigido en una zona de arena viciada, pronto sería clausurado a pedido de los vecinos que no podíamos soportar más la pestilencia que llenaba nuestras narices cuando andábamos por la calle. La letrina comunal fue considerada "incapaz de cubrir la caca del pueblo" y se la reemplazó por una serie de silos ubicados a cien metros de distancia uno de otro en la extensa área poblada.
Aunque surgió el inconveniente de las caminatas, las largas colas de espera, las discusiones verbales cuando alguien se demoraba dentro el servicio un tiempo mayor del considerado necesario por otros que aguardaban su turno con impaciencia. Esto motivó que muchas familias volvieran a la vieja costumbre de recoger sus excrementos en bacines para ir a enterrarlos luego, sobre todo de noche y sin que nadie se enterase, en el clausurado montículo vecinal o en todo caso ir a desparramarlos entre las piedras para que se lo comieran los gatos monteses que andaban buscando detritos por las inmediaciones.
Los servicios higiénicos de nuestra comunidad no eran más que desaliñados habitáculos hechos de esteras dobladas por el lomo y atadas por sus bordes al marco de achacosas puertas de lata; la mitad de su techo estaba descubierto y la otra mitad tapada por retazos de plástico; su piso era de tierra aplanada con pedazos de madera pelada en la parte principal donde los ocupantes asentaban los pies antes de bajarse la ropa íntima y ponerse en cuclillas para dejar caer sus necesidades en aquel hueco pestilente que destacaba bajo sus cuerpos en posición de defecación. Y como en los baños comunales tampoco había grifos de agua y mucho menos desagüe, la pestilencia proveniente de la caca pública amontonada en los Silos vencía a las partículas del aire, el polvo y la luz y se olía en cien metros a la redonda.
La suciedad que inundaba los Silos se pegaba más en los niños que solían amontonarse por allí jugando a la pega o a las escondidas, exponiéndose así a contraer aún más enfermedades de las que por desgracia venían ya sufriendo sus frágiles cuerpos. También la gente adulta que con apremio del cuerpo ocupábamos los retretes, donde tampoco había luz ni ventilación, corríamos el riesgo de contraer otras enfermedades epidérmicas. Por tanto, los baños comunales a pesar del importante servicio que nos prestaban, se habían convertido a focos infecciosos que se sumaban a los otros tantos que proliferaban en la zona.
UN SANTO PATRON EN LA BARRIADA
novelasUN SANTO PATRON EN LA BARRIADA
“Bienaventurados los que sufren, porque de ellos será el reino de los cielos”. Era la tonada del joven reverendo Otoniel, desde que pisó por vez primera la tierra peruvina. Los niños más que al rostro le miraban su breviario, preguntándose quizás si éste contendría dulces o monedas. Las mujeres y los ancianos, por su parte, concientes de lo importante que era la presencia de un sacerdote a fin de estatuir el orden espiritual entre la gente le sonreían con simpatía. Los varones, en cambio, le observábamos de reojo; desconfiábamos de su sotana más que de sus buenas intenciones. “Gracioso el frailecito –dijo con tono burlón un salchipapero–. A ver si tiene agallas, y no huye de aquí mañana mismo.”
LOS POBRES DE LA CIUDAD
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LOS POBRES DE LA CIUDAD
Con el poco dinero del que disponíamos mi mujer y yo alquilamos una habitación de dos piezas en el segundo piso de una vieja casona ubicada en el jirón Junín. En realidad la finca era un tugurio. Decenas de familias compuestas por numerosos integrantes ocupaban los cuartos contiguos al nuestro en condiciones a simple vista lamentables. El hacinamiento que se percibía dentro las vetustas piezas hechas a base de adobe y caña era realmente asfixiante.
Había además problemas de orden y limpieza en la vieja quinta. El servicio higiénico no era más que un hueco rodeado de papeles con excrementos cuyo olor pestilente llegaba hasta los agrietados pasadizos del segundo piso por donde pululaban papeles sucios, cartones rotos, trapos inservibles, llantas, capotas en desuso y hasta triciclos abandonados. Era un espectáculo deprimente. Los vecinos que andaban por los pasillos lo hacían con sumo cuidado, mirando de no topar la ropa que caía de los bajos cordeles, no pisar las manitas de algún niño juguetón o no ensuciarse los zapatos con el desfile de porquerías dejadas en el piso por los animales domésticos pertenecientes a las familias.
El día de nuestra llegada, Flor de María pisó caca de pato y se enojó conmigo.
-Me has traído a vivir a un chiquero- dijo.
Yo traté de calmarla prometiéndole que estaríamos allí solo una temporada.
-Cuando tengamos plata -le aseguré- alquilaremos piso en otro sitio.
Pero ella, al ver caer del techo un pedazo de viga seguido de una crujiente vibración de los carrizos que pendían de las carcomidas paredes de nuestro cuarto, volvió a gruñir enfadada:
-Si hubiera un derrumbe moriríamos aplastados
A decir verdad, nos costaba acostumbrarnos a vivir bajo aquellas cuatro paredes altas y putrefactas que parecía que se vendrían abajo en cualquier momento. Las vigas del techo y el piso de tablas resecas crujían a nuestro paso. A menudo yo encontraba los ojos de mi amada recorriendo con temor el techo y los rincones deteriorados de nuestro cuarto. Y, para distraerla, le contaba algún chiste o le hacía cosquillas diciéndole con cariño que se olvidara del techo y tratara de ser feliz conmigo.
Flor de María tuvo por fin un arrebato de entusiasmo.
-Haré tres pequeñas divisiones dentro el piso. Una será para la salita comedor, otra para la cocinita y otra para nuestro dormitorio.
Me alegré de que ella mostrara vivo interés en arreglar nuestro nido de amor. Y para recompensarla le di un beso cariñoso y acaricié su hermoso vientre en gestación.
COLOQUIO PARLAMENTARIO CASI DESIERTO EN BARCELONA
artículosCOLOQUIO PARLAMENTARIO CASI DESIERTO EN BARCELONA
Lo que pudo haber sido un importante Encuentro entre congresistas y peruanos residentes en esta ciudad, no pasó de ser una mera ilusión Al publicitado “I Coloquio Parlamentario con la Comunidad Peruana en España” realizado el 30 enero del 2009 solo asistieron y fugazmente 2 congresistas que al cabo de una hora se retiraron con la excusa de que debían cumplir con otros importantes compromisos.
LA VIDA NO ES UN SUEÑO
novelasLA VIDA NO ES UN SUEÑO
La colegiala de rostro perfilado, dejó sus libros en el asiento de tres patas, que usaba su padre cuando las piernas no podían sostenerlo de pie, cogió el cubo lleno de agua maloliente y echó a caminar calle arriba, con su delgado cuerpo inclinado a causa del peso del recipiente.
Junto al lavadero de uno de esos grifos de reliquia que aún se ven en el casco antiguo de Lima, detuvo su forzada marcha. Arrojó las lavazas del cubo en el lavadero y procedió a acomodar el asa del mismo en el corto y delgado cuello de la cañería. Presionó la llave y se quedó observando en silencio la caída del vital líquido en el recipiente plástico.
MIGRANTES EN LIMA
novelasEL PROVINCIANO ERRANTE
Ollanta andaba solo por el mundo, sin más guía que sus siempre orgullosos pasos. Aquella tarde, mientras vagaba por la avenida Emancipación, observaba el vertiginoso movimiento humano en el seno de la metrópoli limeña que era una especie de imán para la gente del interior del país que llegaba por miles con el sueño mítico de alcanzar una vida mejor. La realidad, sin embargo, era muy dura para los provincianos que habían desembarcado en la capital; muchos de ellos, prácticamente forzados por la necesidad de ganarse el pan, montaban sus pequeños negocios en las vías públicas. Por aquel tiempo - finales de la década de los 70- la cantidad de vendedores ambulantes que invadían las calles limeñas era impresionante.
