Omitir navegación.
Inicio

LA AMAZONÍA EN LLAMAS

LA AMAZONÍA EN LLAMAS

La destrucción de la Amazonía, promovida por grupos con intereses propios del capitalismo salvaje conmociona al mundo. En este año más de 70,000 incendios continuos, causados no por el cambio climático sino por la mano del hombre, han convertido en cementerio más de un millón de hectáreas en esta vasta región sudamericana.

La Amazonía es la selva tropical más grande del mundo, donde la flora y la fauna alcanzan su máxima expresión, con una variedad incalculable de especies animales, vegetales, y rica también en petróleo y otros minerales. 

El mayor símbolo de la diversidad biológica, pulmón de América y del planeta entero, se quema por culpa de gente con una equivocada idea del desarrollo, que prefiere ver edificios, carreteras, centros comerciales, fábricas e industrias en vez de una verde y tupida naturaleza que, sin embargo, no es estática, sino que brinda oxígeno y limpia de la contaminación ambiental a pueblos enteros, ofrece una variedad ingente de aves, bovinos y otros animales que proveen de carne, grasas, pieles, una infinidad de árboles frutales, plantas medicinales, tubérculos y otros productos comestibles, incluso de tipos de pescado que habitan en los ríos amazónicos y proveen de alimentación al hombre. 

Se puede construir y prosperar pero no a costa de destruir la madre tierra, en la que sólo estamos de paso por si nadie lo recuerda. La Amazonía arde en llamas destruyendo además el hábitat y la reserva de cientos de comunidades indígenas. 

Se acusa al presidente de Brasil de promover la deforestación en nombre del progreso. Pero si se daña el ecosistema, si sólo hay agua contaminada en los ríos, si no hay oxígeno respirable en la atmósfera, si sólo hay humo, muerte y desolación, no habrá progreso. Bolsonaro es reacio también a que su país reciba la ayuda internacional para reparar los daños causados por los dantescos incendios cuyo humo ha cubierto ciudades enteras de Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay y numerosos pueblos que sufren las consecuencias de esta hecatombe continental. 

Más allá de las discusiones entre Bolsonaro que acusa a las ONGs ambientalistas y gobiernos europeos de crear intereses en esta rica región y Macron que llevó a la cumbre del G-20 la propuesta de una posible sanción a Brasil por la gravedad de los incendios, es responsabilidad de toda la comunidad internacional, empezando por gobernantes y autoridades pertinentes, tomar acuerdos para la preservación del medio ambiente, con especial atención al territorio amazónico, y poner en práctica medidas para evitar que se destruyan las raíces ancestrales, los recursos forestales y otras esencias naturales de nuestro planeta.

 

Jorge Varas
Barcelona 31 agosto 2019