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JAMES JOYCE

ULISES: LA NOVELA-MONSTRUO DE JOYCE

James Joyce, nació en Dublín (Irlanda) en 1882. Su familia, de escasos recursos económicos, no podía costearle su educación, por lo que gracias a la ayuda de los jesuitas pudo terminar los estudios secundarios y entrar en el University Collage, donde estudió lengua y literatura. En 1902 obtiene su bachillerato universitario y opta por ejercer su profesión de docente compaginándola con la literatura.

En 1903 empieza su manuscrito: “Un retrato del artista”, historieta juvenil que más adelante se convertirá en “Retrato del artista adolescente”

En 1904 conoce a Nora Barnacle, una empleada de hotel, con la que se escapa a Zurich y luego a Trieste, ciudad austro-húngara, donde nacerán sus hijos Giorgio y Lucia. Durante estos años padece estrechez económica, situación que empeora con su adicción al vino y la ceguera progresiva que empieza a sufrir. Aún así sigue escribiendo su Stephen el héroe, iniciada tiempo atrás, como un proceso de objetivación personalizada que debe ser el arte literario.

En 1907 publica “Música de Cámara” mientras acumula páginas de otros relatos: “Dublineses” y “Los muertos”

En 1912 conoce a Ezra Pound, de quien recibirá apoyo editorial. Empieza a publicar en la revista The Egoist su obra el “Retrato del Artista adolescente”, con el va creando un círculo de lectores en torno suyo. Aunque la obra completa no se publicará hasta 1915 en Estados Unidos.

En 1914, al estallar la primera guerra mundial Joyce es deportado por los austrohúngaros. Se establece en Zurich, donde escribe “Exiliados” basado en sus propias dificultades como exiliado. Ese año publicó “Dublineses”, relatos breves sobre las costumbres de la gente de Dublín. Luego, merced a una pequeña beca inglesa y la aportación generosa de la directora de la revista “The Egoist” donde iba publicando pasajes del “Retrato de un artista” pudo entregarse a su obra mayor. Mientras la va terminando, Joyce decide ir publicándola por entregas, para ir introduciéndola en el mundo cultural y a la vez servirle como corrección de pruebas. Habla con Ezra Pound, que envía los primeros capítulos a la “Little Review” de Nueva York cuya directora acoge con entusiasmo los manuscritos de Joyce.

En esta revista aparecen las primeras páginas del “Ulises”, aunque provocaron la censura de la sociedad norteamericana. Los funcionarios del Correo abrieron la valija con las hojas manuscritas que al ser consideradas pecaminosas para el público fueron confiscadas y luego quemadas sin miramientos. Lo peor, el capítulo 13: “Nausícaa” fue denunciado por cierta “Sociedad para la Prevención del Vicio” que influyó en los jueces neoyorquinos que impusieron multa pecuniaria y orden de la no publicación del texto. Margaret Anderson, la directora de la Little Review se vio forzada a renunciar a su abrigado proyecto de publicación del “Ulises”

Joyce dirigió entonces la mirada hacia su patria inglesa, pero la hipócrita sociedad británica manipulada por cortesanos reales y conservadores puritanos, se opuso a la publicación de la novela.

Terminada la guerra, Joyce retorna a Trieste, ahora ciudad italiana, pero le cuesta reintegrarse al nuevo medio. Entonces, se contacta con Ezra Pound que reside en París, convertida en centro cultural del mundo, a donde Joyce se traslada en 1920, con la ilusión de ganar proyección literaria. En París la norteamericana Sylvia Beach, dueña de la librería Shakespeare, se interesó en la publicación del “Ulises”, labor complicada con la traducción de palabras inventadas por el autor, la añadidura de claves y enigmas mitológicos cuyo significación literaria el propio Joyce trató de encubrir con esquemas y resúmenes poco inteligibles, tal vez con la idea de preservar la originalidad del libro, hacer de él una especie de monstruoso jeroglífico, que mantendría ocupados a los estudiosos de su obra en los siglos venideros. La obra fue publicada en 1922 y la crítica francesa recibió con beneplácito el libro.

La primera edición del“Ulises” consta de dieciocho capítulos, en los que prevalece la voz interior de los personajes, que discurre abiertamente tal como les sale de la mente, y los sonidos externos con diversas tonalidades: lacónicas, irrisorias, conmovedoras.

Desde “Telémaco” (el hijo de Ulises) retratado como Stephen Dedalus que vive con otro estudiante en una residencia, mientras se sustenta dando clases en una escuela de niños ricos. “Néstor” (El anciano consejero de Telémaco) Este capítulo tiene mucho del “retrato de un artista”, con las reflexiones juveniles de Stephen. “Proteo” (el Ser cambiante), se manifiesta en el monólogo interior de Stephen, mientras va por la playa andando desde su escuela hasta Dublín. Divaga abiertamente entre ocurrencias y palabras concertadas al compás de la musicalidad del lenguaje. “Calipso” (la Ninfa que retuvo a Ulises), especie de canción romántica, interpretada por Leopold Bloom y su largo estribillo de metempsicosis “Los Lotófagos” (Comedores de la Flor del Olvido), con descripciones cargadas de subjetivismo a cargo de Bloom. “El Hades” (el Infierno clásico o lugar de los muertos), es la expresión sonora de una grabación mental que desarrolla Leopold Bloom surgida a la vista de un entierro al que acude acompañado por el padre de Stephen Dedalus. El “Eolo” (la cueva de los Vientos) donde irrumpen notas de corte periodístico que se interconectan con la narración. “Los Lestrigones” (unos caníbales) El señor Bloom otra vez murmurando secuencias de lo que ve por la calle. Finalmente va a la Biblioteca Nacional. “Escila y Caribdis”. Sucede en el interior de la Biblioteca. Hay una discusión sobre Shakespeare. Al señor Bloom es conocido ya como El Judío Errante. En el grupo se encuentra Stephen Dedalus que discurre sobre el autor de Romeo y Julieta y el tema de la infidelidad conyugal. “Las Rocas errantes”, donde se percibe un resumen del libro, con descripciones variadas, figuras en movimientos, donde aparecen y desaparecen los personajes principales. “Las Sirenas”. Son un par de camareras en la barra de un hotel que coquetean con los clientes. Son bellas de la cintura hacia arriba y a la vez feas o antiestéticas de la cintura hacia abajo. Este capítulo suena como un remedo de literatura musical “El Cíclope”, con renglones satíricos contra el nacionalismo imperante en la sociedad irlandesa de la época. Está representado por un Ciudadano de Dublín que el señor Bloom conoce en un bar. “Nausícaa”, una suerte de “ñoño mermeladoso, cháchara, circunlocuciones…” como diría Joyce. “Los Bueyes del Sol”, con una demostración de estilos de las diversas etapas de la Historia de la Literatura Inglesa. “Circe” (la Ninfa que seduce a Ulises), se aprecia la exhibición de un espectáculo narrativo. “Eumeo” (el porquero de Ulises), un capítulo de resacón, tedioso, con clichés y circunloquios que alargan la expresión. Hasta “Itaca” (el regreso a la Patria y el hogar), capítulo donde el autor llena de interrogantes a su personaje. Al final el señor Bloom se mete en el lecho conyugal, con las piernas de su mujer que lo ha estado esperando, cruzadas sobre el pecho. Y luego, pensando en la posibilidad de llevar cuernos, se contenta con el trasero de su amada. Luego, “Penélope” o Molly o la señora Bloom, que recibe con cariño a su marido, aunque en el ínterin, rememora sus primeros idilios en Gibraltar. Se impone el lenguaje de Molly. Es lo que Joyce llamó:”la palabra femenina”

En el Ulises, la actuación estelar es del lenguaje, que fluye, como protagonista musical, de la mente de seres parlantes que comunican sus vivencias con altisonantes juegos de palabras. Por eso esta obra llegó a ser tan influyente en la Literatura Universal. En principio el libro fue prohibido en Inglaterra y Estados Unidos. Esta novela-monstruo, es una epopeya de dos razas (israelita-irlandesa) y al mismo tiempo el ciclo mental de la vida expresado a través de la palabra. En 1933 un juez neoyorquino autorizó la publicación del libro ya universalmente famoso. En 1936 fue publicado en Inglaterra y posteriormente en todo el mundo.

Joyce siguió escribiendo y en 1939, tras ir publicándola por extractos, publicó el libro: “Finnegan’s Wake” (El despertar de Finnegan”, libro de complicada lectura, por los intrincados juego de palabras que no recubren un relato concreto y definido. Es como un magro chiste, donde el tema central son el sueño y la noche.

James Joyce, que falleció de manera inesperada a los 59 años, no quería que se le considerase “un escritor de Dublín” con mira localista. Aspiró a ser un renovador en el arte literario, un escritor universal. Y lo consiguió con la totalidad de su obra considerada maestra por su aportación a la Historia de la Literatura universal.