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JOHANN WOLFGANG GOETHE

GOETHE Y EL TRIUNFO DEL BIEN SOBRE EL MAL

Johann Wolfgang Goethe, nació en Frankfurt de Main en 1749 en una familia de la alta burguesía alemana. Desde temprana edad sintió el llamado de las musas de la literatura. Alos 16 años escribió una comedia pastoril: “Anteojos del enamorado” y luego otra comedia: “Los Cómplices”. Recompuso canciones líricas como “Vio un niño a una rosita” y otras entonadas por músicos populares. 

En 1765 empezó a estudiar derecho en la universidad de Leipzig, alternándolo con clases de dibujo. En 1770 se trasladó a Estrasburgo, donde asistió a las tertulias del movimiento literario Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu) donde conoció al poeta Johann Gottfried Herder, quien le orientó hacia la lectura de Shakespeare cuyas obras exaltaron su joven espíritu.

Sus influencias literarias lo impulsaron a la creación de una nueva poética. Sus “Canciones de Sesenheim” y lo que escribió en 1773 “Sobre la arquitectura alemana” así lo revelan. En 1774 publicó: “Clavijo” una tragedia desarrollada en un ambiente burgués. Ese año publicó también “Los sufrimientos del joven Werther” novela basada en experiencias propias. Goethe se había enamorado de Charlotte Buff, la novia de un diplomático de Hannover, amigo suyo. Devaneo amoroso que llegó a su fin cuando la chica se casó con su prometido. Goethe, dolido, aceptó su fracaso. La idea del suicidio la materializó en el protagonista de su relato, un ultra romántico que no supo o no pudo aceptar el hecho de que el amor de su vida, se haya casado con otro hombre. Puso fin a su sufrimiento volándose los sesos con una pistola. Este libro tuvo gran éxito en Alemania y toda Europa y catapultó a la fama a su autor.

En 1775, el Duque Carlos Augusto lo invitó a formar parte de su Corte. Goethe aceptó el cargo de consejero, en el palacio del Gran Ducado de Weimar, y empezó a desarrollar una intensa actividad administrativa y política aunque sin renunciar a su pasatiempo literario. Ese año publicó “Egmont”, en 1777 “Viaje Invernal por el Harz”, y en 1782 la balada: “El Rey de los Alisos”.

Weimar, un pueblito provinciano de 6000 habitantes, de vivir aburguesado y gobernado por una burocracia decadente, se transformó en Ducado moderno y liberal con la buena administración de Goethe, que llegó a ser sucesivamente Ministro de Finanzas, de Minas, de Guerra y Director de Teatro, en un lapso de varias decenas de años.

En su etapa de ministro cortesano compaginó sus creaciones literarias con investigaciones científicas. Su descubrimiento del intermaxilar, huesecillo humano, lo entusiasmó tanto que se felicitaba por haber dado su aporte a la era de los grandes descubrimientos. Goehte realizó también experimentos electro químicos poniendo así a prueba sus conocimientos científicos. Su apego a la Física le motivó a escribir: “Teoría de los Colores”. Todo esto, sin descuidar las tareas propias de su cargo, la de resolver numerosos problemas de índole económica y administrativa.

En 1786, cogió una excedencia de la vida cortesana y se marchó a Italia. Residió entre Roma y Sicilia por largas temporadas. De vuelta en Weimar, en 1788, se casó con Christiane Vulpius, aunque sus obligaciones conyugales y sus ocupaciones cortesanas, no el impidieron proseguir con sus trabajos científicos y literarios. Goethe, el humanista, el científico, el artista, el escritor, publicó en 1789 su drama: “Torcuato Tasso”, una especie de nuevo Werther pero más pulido o sublimado. Publicó también: “Epigramas Venecianas”, aunque sin éxito, ya que sus líneas denotan resentimiento hacia alguien o algo, ocurrencias anticristianas y trazos de crudo erotismo.

En 1792, el polifacético autor terminó su poema didáctico: “Metamorfosis de las Plantas”. Y también hizo de director de teatro. En el palacio de Weimar se había adecuado una sala para actos teatrales, y Goethe aprovechó para representar allí sus propias obras. En 1796 concluyó su obra: “Wilhelm Meister: la educación de sí mismo”. Con Friedrich Von Schiller, poeta genial, mantuvo sólida amistad. Con él editó la revista “Die Horen”, en la que aparecieron textos, poemas y otras publicaciones escritas por ambos literatos. En 1797 publicó. “Herman und Dorotea”, una larga y romántica versificación métrica de tipo neoclásico que tuvo un éxito editorial similar al de Werther.

En 1799 publicó “La Aquileida”, luego: “El Dios y la Bayadera”, “La novia de Corinto”, “El aprendiz de Brujo”. En 1805, la muerte de su gran amigo Schiller y el padecimiento de una enfermedad, lo ensimismaron, dedicándose por entero a escribir.

En 1808 Napoleón, que acrecentaba su Imperio, le otorgó el Águila de la legión de Honor. Convertido ya en poeta nacional publicó “Fausto”, y un año después “las afinidades electivas”, novela psicológica sobre la vida en matrimonio. Entre otras obras más que publicó: “Conversaciones de emigrados alemanes”, “Hombre de cincuenta años”, “El cuento de la serpiente verde”, “Teoría de la Naturaleza”, “Confesiones de un alma bella” “Rosita campestre”, “Elegías romanas”, “La flauta encantada”.

En la última etapa de su vida, entre 1811 y 1831 escribió sus memorias en “Poesía y Verdad” y la segunda parte del “Fausto” que consolidó ya su teoría filosófica del triunfo del bien sobre el mal.

Goethe es el ave fénix de la literatura alemana, con capacidad para convertir la realidad en estructura poética. Como artista, huroneó la realidad, y la revirtió en pensamiento filosófico y poético. Escritor mimado por sus conocidos y privilegiado por la fortuna, aunque lo que consiguió fue a base de arduo trabajo y esfuerzo, “Mi vida ha sido como el continuo rodar de una piedra que a cada paso debía ser levantada” Lo dijo, ya anciano, además de: “mis obras no son más que fragmentos de una gran confesión”.

Este genio literario, que abrió una ruta nueva a la poesía, falleció en Weimar en 1832 en medio del reconocimiento unánime de sus contemporáneos. La crítica literaria lo considera un icono importante en la historia de la literatura universal.

FAUSTO

Mefistófeles, que ha entrado a la casa del doctor Fausto en forma de perro, lo tienta en su laboratorio, le propone devolverle la vigorosa juventud, concederle la oportunidad de gozar del placer pleno y la máxima sabiduría humana a condición de que le entregue su alma en cuanto sienta tanta dicha que no pueda resistirlo y pida detenerse, entonces podrá morir. Se firma el acuerdo. Fausto, bebe lo que le proporciona la criada de Mefistófeles y, transformado en joven bello, es llevado por Mefistófeles a una taberna donde éste se pone a reír y hacer bromas. Luego conoce a una atractiva chica de nombre Margarita a la que seduce con artimañas, incluso le da un somnífero para que haga dormir a su madre y así Fausto puede entrar a su cuarto. Fausto le pide a Mefistófeles le traiga joyas y piedras preciosas para poder conquistar a su amada, pero en vano. Entonces Mefistófeles, le ayuda y pacta un encuentro entre él, Margarita, Fausto y Marta la amiga y consejera de Margarita. Fausto aprovecha la ocasión y le declara su amor a Margarita y por suerte es aceptado, aunque ella desconfía de Mefistófeles, amigo de Fausto, lo percibe como una persona mala y perjudicial. Noches después, al salir de la casa de su novia a la que frecuenta, Fausto se topa con el hermano de Margarita. Valentín le acusa de haber deshonrado a su hermana. Se baten a duelo de espada y Fausto lo deja herido de muerte. Antes de morir, Valentín maldice a Margarita, que había salido de socorrerle, por haber cometido pecado con Fausto. Margarita es invadida por un sentimiento de culpa por la muerte de su hermano y además es atormentada por un espíritu maligno. Mefistófeles, para distraer a Fausto, lo lleva a ver una fiesta de brujas. Fausto y Mefistófeles intercambian opiniones sobre Margarita. Luego Fausto ve a Margarita prisionera por haber causado la muerte de su madre con la excesiva dosis del somnífero y por haber matado además –aunque en verdad se lo habían arrebatado– al hijo que ha tenido de él. Ambos intentan rescatarla, pero ella no quiere irse con Fausto porque lo acompaña Mefistófeles y éste la horroriza. Mefistófeles se lleva a Fausto que lamenta la situación de Margarita que será ejecutada al día siguiente, aunque oye una voz que le dice: “¡Está perdonada!” En la segunda parte de la obra teatral, la escena pasa a desarrollarse en un castillo medieval, donde Mefistófeles se las arregla para ser aceptado como bufón del Emperador. Mefistófeles le propone al Emperador sanear la Economía y éste se dirige a él y a Fausto para nombrarles superintendentes del Imperio. El Emperador le pide a Fausto que le traiga a Helena, mujer de belleza sin par y a Paris héroe mitológico, Fausto, con la ayuda de Mefistófeles, consigue que el Emperador vea a Helena y Paris, tras una visita a las regiones de las “madres” cuando éstas desaparecen. Fausto queda prendado de Helena y quiere retenerla a la fuerza causando una explosión que le deja desmayado. En estado de inconciencia Mefistófeles le lleva a su antigua casa, donde el criado Wagner enseña a Mefistófeles el homúnculo o niño producido en el laboratorio. Mientras, Helena y las féminas de su corte son condenadas por Menelao. Pero ellas logran huir hacia el castillo medieval donde está Fausto. Menelao con su ejército intenta capturar a las fugitivas. Pero Fausto, con la ayuda de Mefistófeles y unos guerreros formidables vence al enemigo, ganándose los favores del Emperador. Luego Fausto se va con Helena a un lugar edénico, donde nace el hijo de ambos, Euforión aunque éste muere de manera imprevista. Helena también se esfuma dejando solo su indumentaria que de un modo fantástico transporta a Fausto a una región donde se ocupa de labores benéficas e importantes obras públicas. El Emperador dona a Fausto grandes extensiones de tierra. Pasa el tiempo y Fausto, convertido ya en un emperador anciano, recibe al Hambre, la Deuda, la Inquietud y la Angustia. Esta última da un fuerte soplo y deja ciego a Fausto. Entonces Mefistófeles prepara la fosa de Fausto que ciego pero dichoso al soñar y desear un mundo mejor como posible, cae en el hoyo y muere. Pero en su muerte se arrepiente de todos sus pecados. Mefistófeles quiere atrapar el alma de Fausto, pero es engañado por ángeles que en apoteosis se lo llevan al cielo, porque al final Fausto se ha decantado y luchado por el bien de la humanidad.