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MANUEL SCORZA

       MANUEL SCORZA

                         

“Yo he dotado de una memoria a los oprimidos del Perú, a los indios del Perú que eran hombres invisibles de la historia, que eran protagonistas anónimos de una guerra silenciosa, y que tienen hoy una memoria…Tienen esa memoria, está dada ya irreparablemente y no se podrá borrar nunca, porque la han adoptado incluso los pueblos en combate…” (Manuel Scorza.)

Manuel Scorza, uno de los intelectuales más representativos de la generación de escritores peruanos de los años 50, nació en Lima el 9 de setiembre de 1928. Sus padres eran provincianos migrantes que por temporadas retornaban al terruño querido. Vivió algunos años en Acoria, departamento de Huancavelica, donde conoció de cerca la vida de la gente del campo. Volvió a Lima para terminar su formación escolar en el Colegio Militar Leoncio Prado. En 1945 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y, paralelo a sus estudios, realizó una intensa actividad política.

 

En 1948, tras el golpe del general Odría y la implantación de la dictadura se vio obligado a salir del país en calidad de exiliado. Se estableció en París, donde realizó diversos oficios, entre ellos la de Lector de literatura hispanoamericana en la Ecole Normale Superieure de Saint Cloud. Fueron años de aprendizaje, bajo el rigor de la lectura y la dureza que supone la vida de un desterrado, que dejaron huellas inextinguibles en el joven  intelectual.

Vislumbró la diáspora de la tragedia americana y sus grandes sueños de libertad. Le preocupó la condición del pueblo indio en su drama cotidiano y la falta de alternativas frente a los pueblos desarrollados. Supuso que hacían falta grandes cambios, a nivel político, religioso, lingüístico. El campo era el futuro, y los inmersos en el planeta indio debían luchar, con esperanza, sin sentirse derrotados de antemano, oponiendo la fuerza colectiva frente a la individualista que imponía la sociedad industrializada. Los  campesinos, con su riqueza moral, su espíritu comunal, con el coraje que impulsa a los hombres a realizar actos superiores deben superar los traumas profundos que los esclaviza y entrar a formar parte de la Historia.

 

El novel poeta supo transmutar su vivencia interior en una poesía de vigorosa expresión, de logrado pulso. Muchos de los versos que integrarían su primer poemario, "Las imprecaciones" (México: 1955), son fruto del desconsuelo en que se halla inmerso el exiliado. En el año 1958, regresó al Perú, obteniendo ese mismo año el Premio Nacional de Poesía con "Las Imprecaciones", su primer poemario, publicado en México hacía tres años.

 

Por entonces, abrió una etapa cultural realmente notoria y absolutamente novedosa. Se dio a la tarea un tanto riesgosa pero entusiasta de preparar el Primer Festival del Libro con una selección de diez mil volúmenes de autores clásicos americanos. Las quince mil colecciones a la venta en quioscos situados en distintos lugares de la capital se agotaron en menos de una semana. La experiencia se repetiría con idéntico éxito en Colombia, en Venezuela, en Cuba. Consistía en editar a bajo costo y en poner los volúmenes a la venta evitando intermediarios.

 

Era un editor popular, pero sobre todo era un escritor excepcional, utilizaba en sus obras un lenguaje de estilo depurado, modelado sobre la permanente resonancia metafórica, la mezcla de fantasía y realidad se equilibra en función de su capacidad de creador literario. Es en su obra narrativa, donde encuentra el espacio ideal para explayarse sobre los problemas sociales del Perú. Su primera novela, "Redoble Por Rancas", forma parte de un ciclo denominado La Balada (también llamado La Guerra Silenciosa) donde, desde una óptica puramente poética, que fusiona mitos ancestrales e historia, muestra la antigua lucha de los campesinos para recuperar sus tierras.

 

Las demás novelas que componen este ciclo, "Historia de Garabombo el Invisible"(1972), "El Jinete Insomne"(1977), "Cantar de Agapito Robles"(1977) y "La Tumba del Relámpago", continúan uniendo el realismo social a la fantasía poética. Esta serie de novelas, traducida a más de 40 idiomas, se ha constituido en una de las más difundidas y reconocidas de la literatura peruana en este siglo.

 

El año 1968, en plena efervescencia de las luchas campesinas en la sierra central, y en virtud a su activa participación a través de un movimiento político indigenista, se vio obligado a abandonar nuevamente el país con destino a París donde frecuentó círculos literarios y celebración de tertulias con escritores de diversos países. Por entonces estaba preparando un poemario: "El vals de los reptiles" y una novela "Redoble por Rancas". Estos manuscritos fueron publicados el mismo año 1970. El primero, en México; el segundo, finalista del Premio Internacional Planeta, en Barcelona.

 

Escribió además un ensayo titulado “Literatura primer territorio libre de América”, donde propone que el mito es el blasón de los pueblos expulsados de la Historia, el que protegerá la sabia de su identidad proyectada hacia el futuro- En América Latina el mito es una necesaria construcción  histórica, y los pueblos marginados o apartados de la Historia podrán retornar a ella a través del mito. La literatura, por otro lado, nace de la hirviente realidad y crece alimentándose de ella, refleja los hechos y acontecimientos genuinos de un pueblo a un nivel más profundo que cualquier ideología, sea política, religiosa o económica, y no excluye la irracionalidad. La literatura dice es la única ideología con identidad propia.

 

Scorza realizaba frecuentes viajes por todo el mundo, siempre con esa inquietud de dar a conocer, a través de sus obras, las luchas de los campesinos de su país contra el cerco de los grandes propietarios. Y, por desgracia, en uno de sus viajes, el 28 de noviembre de 1983, cuando venía de París, el boeing 747 de la compañía colombiana Avianca, que iba a aterrizar en el aeropuerto de Barajas (Madrid), para luego seguir con destino final a Bogotá, cayó a tierra un minuto antes de llegar al aeropuerto madrileño. En este accidente fatídico perdió la vida el ya famoso escritor.

 

Manuel Scorza murió a los 55 años de edad, cuando su obra estaba en plena vigencia y acababa de publicar, apenas en febrero de ese año, su última novela: "La Danza Inmóvil", que significaba una ruptura radical con el ciclo de La Guerra Silenciosa. A pesar de su desaparición, por su valiosa producción literaria, es considerado uno de los más grandes poetas y narradores peruanos del siglo XX.