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MIGUEL HERNANDEZ: VIENTO DE ESPAÑA

MIGUEL HERNANDEZ: VIENTO DE ESPAÑA
“Los poetas somos vientos del Pueblo”, lo dijo y lo fue Miguel Hernández. Un fuerte viento de Levante cuyo soplo remeció los fértiles campos de su tierra, que refrescó las trincheras milicianas y los ánimos de los que luchaban en defensa de la República. Nació en Orihuela, el 30 octubre de 1910. Fue Pastor de cabras, trabajador del campo, muchacho de pueblo que escribía versos a raudales y se convertiría en la figura intelectual más excelsa, plena de moral revolucionaria, el que luchó por una España donde hubiera pan y libertad, justicia, trabajo y cultura.
Escribió y peleó con todas sus fuerzas en el campo, en el frente y en la cárcel. Su pasión, su fuerza y su lenguaje pleno de metáforas insólitas con versos surgidos de la realidad social y la sangrienta guerra civil. El joven generoso, de expresiva vitalidad y sonrisa que el franquismo intentó acallar, sin conseguirlo. Porque el poeta es presencia viva, espíritu de lucha y voz de los oprimidos. Lo dice en un poema: “Ayer amaneció el pueblo/ desnudo y sin qué ponerse/ hambriento y sin qué comer/ y el día de hoy amanece/ justamente aborrascado/ y sangriento justamente”
Poesía grandiosa, torrencial, desbordante, en la que riman décimas, sonetos y octavas. A su amigo fallecido Ramón Sijé le escribió una de sus mejores elegías: “Yo quiero ser llorando el hortelano/ de la tierra que ocupas y estercolas/ compañero del alma, tan temprano.”
Viajó varias veces a Madrid, con la intención de triunfar como escritor. Colaboró en las “Misiones Pedagógicas”, creada por el gobierno republicano para dar educación a la gente de modesta condición económica. Trabajó en la redacción de la revista “Caballo verde para la poesía” que dirigía Neruda y entabló amistad con Vicente Aleixandre que le brindará su apoyo. Su bagaje intelectual se amplía y además define su ideología política. Se afilia al Partido Comunista y a principios del 1937 se alista en el 5to Regimiento como comisario cultural y político. Este año, en el ínterin de la guerra, se casa con Josefina Manresa la mujer de su vida que le dará un hijo que morirá pronto. Aunque luego nacerá otro niño que será la alegría de sus padres.
Vate de nacimiento y vocación. Sus poemas significan el renacimiento de la lírica española. De un lenguaje barroco y preciosista, con influencia inicial de Góngora y Neruda, pasa a un lenguaje humanamente real, pleno de sufrimiento, angustias, resuellos, protestas y anhelo sociales. El hambre y la pobreza, sus compañeras de vida; la poesía social y la lucha por una España mejor su pasiones que perduran como ejemplo.
Asistió en Valencia al importante II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, donde se tocó el tema de la libertad, la cultura, la resistencia al franquismo. Allí coincidió con escritores de diversas partes del mundo; españoles como José Bergamín, Rafael Alberti, Antonio Machado y americanos como Octavio Paz, Nicolás Guillén y, entre otros, César Vallejo, “el gran cóndor de América” como llamó al poeta peruano
En la guerra cavó trincheras como cualquier miliciano y templó los corazones libertarios como el mejor poeta. Al asesinado García Lorca le dedicó una elegía: “Entre todos los muertos de elegía/ sin olvidar el eco de ninguno/ por haber resonado más el alma mía/ la mano de mi llano escoge una “.
Percibió el horror en los campos de batalla: “Sentado sobre los muertos/ que se han callado en dos meses/ beso zapatos vacíos y empuño rabiosamente/ la mano del corazón / y el alma que lo mantiene”. Siente en carne y hueso vivo lo que considera crímenes cometidos por gente que no es ni será parte del pueblo jamás.
Vencido el ejército republicano, se quedó solo ante el peligro. Pero no quiso huir. El haber luchado contra militares golpistas que pretendían someter al Pueblo por la fuerza, no lo consideraba delito. Y afrontó con valentía su detención, tortura y condena a muerte por jueces franquistas. Aunque luego, el dictador Franco, a causa de la presión internacional, ordenó que la pena le fuera cambiada por la de cadena perpetua con un máximo de 30 años. En prisión sufrió lo indecible en cuerpo y alma: “las cárceles se arrastran por la humedad/ del mundo, van por la tenebrosa vía de los juzgados/ buscan a un hombre, buscan a un pueblo, / lo persiguen, lo absorben, se lo tragan”.
En cautiverio escribió el hermoso y conmovedor poema “Nanas de la cebolla”, canciones de cuna dedicada a su hijo Manolillo, al saber que éste y su madre Josefina, a falta de dinero, pasaban hambre y sólo tenían para comer pan y cebollas: "En la cuna del hambre/ mi niño estaba/ Con sangre de cebolla/ se amamantaba/ pero tu sangre/ escarchaba d azúcar/ cebolla y hambre"
Penó por trece cárceles en un vía crusis que fue minando su salud. Una infección pulmonar mal curada que devino en tuberculosis lo postró en agonía. El poeta pedía que lo llevaran a un hospital pero su voz no fue oída. Y lo dejaron morir, en una camilla de enfermería, en la cárcel de Alicante, el 28 de marzo de 1942. Se le dio sepultura con la cabeza por delante, tal como se ubica los cadáveres de los curas dentro los féretros, quizá por orden del obispo Armancha que nunca le perdonó que fuese republicano Y, para mayor mofa, en 1944, la Comisión de Penas del ministerio del Ejército, sabiendo que Miguel estaba muerto, le conmutó la pena de 30 años por la de 20 años y 1 día. La dictadura franquista hizo de Miguel Hernández otro poeta del martirio español.
Con apenas 31 años, se marchó de este mundo el joven vate que quiso cambiar la realidad de su Pueblo con su palabra y acción. Murió con los ojos abiertos y la boca entreabierta, expresión de su coraje y rabia por no poder ver realizado el sueño que lo movió a luchar. Días antes de expirar, hizo una renovación forzada de su boda civil con Josefina Manresa ya que la dictadura franquista la consideraba nula. Lo hizo sólo para que los derechos de sus obras literarias pasen a ser propiedad de su mujer y su hijo Miguel Manuel.
Sus libros publicados más conocidos son: “Perito en lunas”, “Quien te ha visto y quién te ve”, “Viento del Pueblo”, “El Hombre acecha”, “El rayo que no cesa”, “Cancionero y Romancero de Ausencias”, “Teatro en la guerra”.
Su valiosa obra literaria y su proeza de héroe republicano quedaron silenciadas durante años, hasta que los intelectuales y la memoria colectiva del Pueblo, que le fueron perdiendo el miedo a la dictadura, la rescataron y revaloraron para conceder al poeta el lugar que le corresponde en la historia de la literatura y de la España del siglo XX.
Jorge Varas 28 de marzo del 2021
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