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MARIO VARGAS LLOSA: EL ESCRIBIDOR

EL ESCRIBIDOR

Mario Vargas Llosa, nace en Arequipa (Perú) el 18 marzo de 1936. Su padre Ernesto Vargas lo abandona antes de nacer, y gracias a la familia de su madre, Dora Llosa, se cría en un ambiente propicio para su desarrollo. Entre 1937 y 1945 vive en Cochabamba, donde estudia, en el colegio La Salle, hasta el cuarto año de primaria. Al poco tiempo su familia deja Bolivia y se instala en Piura, donde estudia, en el colegio Salesiano, en 1946, el mismo año en que madre se reconcilia con su padre que reaparece dispuesto a recuperar también al hijo y ganarse su cariño. Pero, el niño no congenia con aquel desconocido que dice ser su padre. Y luego, a pesar suyo viaja con sus padres a Lima donde ellos instalan su residencia.

El niño mimado de la familia Llosa tiene problemas de adaptación a un ambiente casero donde el padre, severo y machista, es el patrón al que todos deben obedecer para evitar sus reprimendas y castigos. Lo sobrelleva con valor  y retoma sus estudios en el colegio La Salle, mientras crece su afición a la escritura de micro relatos y la lectura de libros sobre todo novelas de Víctor Hugo, Alejandro Dumas y otros escritores. Su imaginación se puebla de hechos fantásticos que le hacen sentir felicidad. Una emoción no compartida ni entendida por el padre que al descubrir la inclinación literaria del hijo decide meterlo en un colegio donde se hiciera hombre y dejara de ser ese niño engreído en que la familia de su mujer lo había convertido. En La Salle estudia hasta el segundo año de secundaria. Al año siguiente ingresa al Colegio Militar Leoncio Prado.

En el Leoncio Prado, a pesar de recibir una formación más rígida, no deja sus aficiones literarias. Al contrario, en ratos libres, tras las clases de formación, del despliegue de ejercicios  físicos, de la guardia en las cuadras y de otros quehaceres impuestos por sus superiores, se enfrasca en la lectura de novelas y en la escritura de poemas y cuentos con los que empieza a abrigar proyectos literarios. Sus compañeros le llaman “el poeta” cuyos servicios solicitan de continuo para que les redacte cartas con emotivas frases de amor que ellos hacen llegar  a sus novias. En este colegio, plagado de adolescentes egocéntricos que se maltratan entre sí, propiciando la traición, la maledicencia, la pendejada soez, del único que recibe ejemplo para dedicarse a la literatura es de César Moro, reconocido poeta surrealista que es su maestro de francés. El futuro escritor no termina su educación secundaria en este colegio; lo abandona para irse a vivir a la casa de un familiar, en Piura, donde cursa el último año en el colegio Salesianos.

En Piura, a los 16 años labora como columnista en el diario La Industria. Mientras escribe una obrita teatral que titula “La huída del Inca”, basada en el mundo indígena, la que resulta intrascendente aunque le sirve como despegue hacia sus sueños literarios. En 1953 regresa a Lima y empieza a estudiar Letras en la universidad de San Marcos. Su especialidad elegida es la Literatura, pero se matricula también en Derecho sobre todo para congratular a su padre autoritario y hacerle creer que llegaría a ser un prestigioso abogado con vida estable y próspera. En su etapa universitaria, busca su independencia económica realizando numerosos trabajos, entre ellos de redactor de noticias en una radio, registrador de datos en un cementerio y como esporádico periodista en algunos diarios. Afronta apuros económicos, situación que se agrava cuando, sin haber adquirido la mayoría de edad, se casa de forma clandestina con Julia Urquidi su tía boliviana que hace poco había llegado al Perú. Se arma un escándalo familiar, que soporta junto a su mujer, hasta conseguir que su familia acepte su condición de hombre casado.

En 1958 participa en un concurso de cuentos organizado por la Revue Française con su relato “El Desafío” y obtiene el premio consistente en un viaje de corta estancia a Francia. Visita Paris y queda fascinado con la ciudad y sus muestras históricas y adelantos culturales. Es aquí donde quiere vivir, en una buhardilla, dedicándose a la Literatura. De vuelta en Lima, obtiene el bachillerato con su tesis: “Bases para una interpretación de Rubén Darío”. Postula a una beca de estudios para la universidad Complutense y, con suerte, la obtiene. Viaja a Madrid a preparar una tesis doctoral que nunca acaba debido a sus ocupaciones literarias. El doctorado lo obtendrá trece años despúes con su brillante tesis: "García Márquez: Historia de un deicidio".

En 1959 obtiene el premio Leopoldo Alas por su relato “Los Jefes” que se publica en Barcelona aunque con poca resonancia. Tras sus estudios en la Complutense pugna por irse a Paris y lo consigue en 1960. Se instala allí con su esposa dispuesto a consagrarse como escritor. Mientras, realiza trabajos alimenticios. Trabaja para Radio Francia, hace de traductor, escribe artículos para revistas, entre otras faenas que le sirven para subsistir.

En su programa de la radio-televisión francesa entrevista a Borges, Asturias, y entre otros escritores latinos a Javier Heraud, compatriota suyo, que luego morirá en guerrillas. Lee también con voracidad, ampliando su cultura literaria con la influencia sobre todo de Sartre, Flaubert y Faulkner. En 1962, tras considerar terminada su novela “La Ciudad y los Perros”, viaja a Lima en busca de editor pero no lo consigue. Vuelve a Paris y, por suerte, en una reunión de autores y editores conoce a Carlos Barral quien lee su manuscrito y le propone que la presente con otro título al concurso de novela Biblioteca Breve. Mario, sin hacerse ilusiones, presenta su original al certamen con el título “Los Impostores” y el jurado, entre ellos Juan Petit y José María Valverde le otorgan el premio. La novela sale publicada en octubre de 1963, con su título original “La Ciudad y los Perros” con la que su autor obtendrá además el premio a la Crítica Española. Su carrera literaria adquiere notoriedad con la publicación de esta novela –inspirada a partir de sus experiencias vividas en un colegio militar– la misma que junto a “Rayuela” de Julio Cortázar, “Siglo de las Luces” de Alejo Carpentier, “La muerte de Artemio Cruz” de Carlos Fuentes y “Cien años de soledad” de García Márquez, marca el despegue de la novela latinoamericana en Europa y el resto del mundo.

En 1964 regresa temporalmente al Perú y vuelve a visitar la Selva para recoger nombres de lugares, animales, plantas y otros datos útiles para la novela que está pensando escribir con trasfondo amazónico. Este mismo año se separa de Julia Urquidi y al año siguiente de casa con su prima Patricia Llosa con la que tendrá tres hijos: Álvaro, Gonzalo y Morgana.

En Paris, en marzo de 1966, publica la Casa Verde, novela ambientada en Piura y en parajes de la espesa Selva -con mención a Santa María de Nieva-, donde cinco protagonistas cuentan historias: la de Anselmo y la Casa Verde (donde resaltan los amores de Anselmo y Antonia), la de los Inconquistables mangaches (José, el Mono, Josefino y Lituma), la de Bonifacia y el Sargento (la aprendiz de misionera tras casarse con Lituma viene a la Costa y termina como prostituta en la Casa Verde), la historia de Jum (cacique de Urakusa que se rebela contra los explotadores del caucho, aunque su alzamiento es sofocado por las fuerzas del orden publico) y la de Fushía y Aquilino (con el japonés, ladrón de caucho, instalado en una isla del río Saniago, que termina sus días en un leprosorio). Son relatos fantasticos que se enlazan entre sí en determinados momentos de la narración incluyendo las peripecias de las religiosas españolas destinadas en Misión en la Amazonía. Aquella finca de fachada verdosa, en las afueras del pueblo, envuelta por aires festivos, con sus viejos músicos animando la visita de los deseosos de placer sexual, el lugar prohibido que el autor entrevió en su niñez sería el origen de este fresco de la imaginación, el resultado de un esfuerzo por inventar una moderna novela de aventuras.  

Su fama de escritor crece y es solicitado de diversas partes del mundo para la presentación de sus libros, para dar conferencias sobre Literatura  o para actuar como jurado en concursos de narrativa. Tiene una agenda muy apretada. A finales de ese año se traslada a Londres donde a la par que escribe trabaja como profesor de Literatura Hispanoamericana en el Qeen Mary Collage.

En 1967 publica “Los Cachorros” donde hace gala de un lenguaje narrativo preciosista, que elevan este relato a la condición de obra de arte literario. Obtiene por segunda vez el Premio a la Crítica Española y el Premio Rómulo Gallegos que se otorga en Venezuela a donde viaja para recibirlo. Durante la entrega del premio pronuncia un discurso donde resalta la figura del extinto poeta peruano Carlos Oquendo de Amat, como un ejemplo de compromiso total con la literatura. En los siguientes años, gracias a la apuesta editorial de su agente literario Carmen Balcells, que desde Barcelona propicia la publicación de sus novelas, se convertirá en una de las figuras relevantes del “boom” de la literatura latinoamericana que inunda de libros de autores latinoamericanos las librerías europeas y de otros continentes, entre las décadas de los 60, 70 y 80 del siglo pasado.

En 1973 publica “Pantaleón y las visitadoras”, una trama novelada con prostitutas que satisfacen los deseos  sexuales de soldados destacados en cuarteles de la Selva peruana. Y publica otras novelas, entre ellas: “Conversación en la Catedral” inspirada en Esparza Zañartu secuaz del dictador Manuel Odría, “La tía Julia y el escribidor” con matiz autobiográfico, “La guerra del fin del mundo”, ”Historia de Mayta”, “El hablador”, “¿Quién mató a Palomino Molero?”, “Elogio de la madrastra”, “Lituma en los andes”, ”Los cuadernos de don Rigoberto”, “La fiesta del chivo”, “El paraíso en la otra esquina”, “Travesura de la niña mala”, “El sueño del celta”, "Cinco Esquinas", "Tiempos recios", "La llamada de la Tribu".

En la narrativa peruana, deslinda con la generación del 50 representada, por Julio Ramón Ribeyro, Enrique Congrains, Carlos Zavaleta, entre otros, que pintan magistralmente el realismo urbano, apostando por la esencia socialmente redentora de la literatura, mientras él va persiguiendo derroteros donde la literatura además de social debe cumplir funciones de invención mágica y mítica, con predominio de la introspección y las técnicas narrativas. Transita por un camino diferente al indigenismo –que refluye con Jose María Arguedas y Ciro Alegría– y va más allá del realismo mágico –presente en las obras de Manuel Scorza–, se aparta de las corrientes literarias y avanza solo con un estilo técnico único e indivisible que influye notablemente en los ámbitos literarios.

Para él, la literatura lo es todo, es la vida misma que enciende y apaga pasiones, que inventa realidades valiosas y destruye mundos caducos sin valores, es un arte volcánico que admite la protesta, la contradicción, la crítica permanente, Todo escritor es un inconformista y un rebelde ante la sociedad que lo ningünea o vapulea su facultad artística y lo exilia o rechaza por considerarlo un ser peligroso, un perturbador social y cultural. La vocación literaria es un signo de renunciación a la vida tranquila,  a la estabilidad, al decoro. Como autor asume los riesgos que ello implica, con arduo trabajo, alimentándola a diario, sin compartirla más que con sus demonios interiores. Es su fogosa condena: la del narrador invisible que teoriza y critica mientras manipula la trama novelesca, mide y recorta o amplía espacios y tiempos, según la línea argumental, con escenas dramáticas o animadas, con diálogos precisos de los protagonistas que concluyen en inesperados desenlaces. Le interesa atrapar al lector desde el inicio, que la historia contada sea creíble, que la novela cumpla con su objetivo literario y perdure por sí misma.

El escritor, incansable e incorregible, estuvo inmerso en otras actividades. En 1987 volvió a la política activa –ya en los años 50 había militado en la Democracia Cristiana tras haber simpatizado con el Partido Comunista–  para elevar su protesta contra la estatización de los Bancos, las compañías aseguradoras y financieras, dictaminadas por el gobierno de Alan García. Celebró multitudinarios mítines en defensa de la libertad y ganó adeptos independientes a su causa los que sumados a militantes de partidos de  la derecha política como Acción Popular y Partido Popular Cristiano, a través del Frente Democrático, lo impulsaron como candidato a la presidencia del Perú. En 1990, con una propuesta basada en privatizaciones de empresas públicas y reformas de los sectores claves de la economía participó en las elecciones, aunque finalmente perdió ante Alberto Fujimori y volvió a marcharse del país para retomar su actividad literaria.

Vargas Llosa publica otros trabajos literarios, como el prólogo a las novelas: “Tirant lo Blanc” de Joan Martorell, “El Sexto” de José María Arguedas y “No una sino muchas muertes” de Enrique Congrains. Publica los ensayos: “García Márquez: Historia de un deicidio”, “La orgía perpetua” (sobre Gustave Flaubert y su “Madame Bovary”), “Historia secreta de una novela” (referente a la “Casa Verde”), “La verdad de las mentiras”, “La tentación de lo imposible”, “El viaje a la ficción”( sobre Juan Carlos Onetti), “Cartas a un joven novelista”, "Medio siglo con Borges", "La civilización del espectáculo", "Conversación en Princeton con Rubén Gallo", "El paraíso en la otra esquina" (sobre Flora Trisán y Paul Gaugin"  

Publica sus memorias en: “El pez en el agua” (que rememora sus primeros años en Perú hasta su partida a Europa y las experiencias de su aventura política entre 1987 y 1990). Y publica obras teatrales como “La señorita de Tacna”, “Kathie y el hipopótamo”, “La Chunga”, "Al pie del Támesis", “El loco de los Balcones” ”Ojos bonitos, Cuadros feos”, “Las mil noches y una noche”, "El héroe discreto", "Los cuentos de la peste"(donde recrea relatos del Decameron de Boccacio)

Sus obras, caracterizadas por el orden y la  meticulosidad, son producto de un esforzado ejercicio intelectual, el trabajo estilizado de un lenguaje, la sincronización del tiempo, la invención de una secuencia narrativa, con saltos afines, silencios y diálogos precisos para lograr el efecto de veracidad en la ficción a través de la palabra escrita. Y emplea técnicas narrativas con mudas espaciales y temporales, en diversos planos secuenciales, nombrando a sus personajes gramaticales al ritmo de la historia que cuenta. Y emplea mitos, signos exóticos, dichos populares, citas románticas y heroicas. Muestra imágenes de seres emparentados con la realidad en espacios urbanos y naturales. La esencia de la vida misma que expresa su pluma con vibrante sensualidad, desconcertante belleza, plena fantasía, intensa agitación y descomunales riesgos. Los peruanos que pisan esa realidad la viven a diario, a diferencia de los excitados lectores de otros países que se la imaginan. Realidad que parte de un mundo angustiado y violento que reproduce en letras este fecundo y extraordinario novelista.

Maestro en Literatura, voz crítica en Arte, Historia y Política, con una vida intensa dedicada a la literatura que definió su modo de ser, de pensar y actuar, un escribidor nato, con sus teóricas solitarias y catoblepas, de espíritu inquieto y arriesgado, humanista creador de universos fantásticos, cronista de su época, y con una imágen buscada también por los paparazzi y la prensa rosa a raíz de su separación de Patricia Llosa en 2015 y su abierto y largo noviazgo con la famosa socialité hispano-filipina Isabel Preysler.

En España, en reconocimiento al valor de su obra literaria, le concedieron el Premio Planeta y el Premio Cervantes y el Príncipe de Asturias. El año 2010 la academia sueca le hizo ganador del premio Nóbel de literatura. Mario Vargas Llosa, por su rica producción creativa, su arte realista bañado en poesía, que posibilitó el despegue de la novela latinoamericana, goza de fama y prestigio mundial. Es uno de los grandes escritores contemporáneos.

 

Barcelona 3 de agosto 2021